Lo vivido ayer en el derbi asturiano marcaba un antes y un después. Los aficionados del Oviedo que teníamos que entrar por la puerta número treinta al Carlos Tartiere, eran las ocho de la tarde y no podíamos pasar porque no nos dejaba la policía nacional. Estábamos encerrados, cuál manifestación y eso que éramos la afición local. Entraba al campo a pocos minutos de empezar el partido en un nuevo asiento de la Tribuna Aramo.
Los aficionados se impacientaban en la espera. No nos entraba en la cabeza como siendo la afición local, no nos permitían entrar en nuestro estadio. Además en nuestra tribuna había varios aficionados con la camiseta del Sporting y no hubo ningún tipo de altercado. A mí me gusta el fútbol, pero no me gusta la violencia.
Partido en suspensión por lanzamiento de objetos al terreno de juego
Ya se sabe que en este tipo de partidos hay muchas interrupciones. Pues el juego estuvo parado varios minutos por el lanzamiento de objetos al campo. Bien llegaba a pensar que se iba a suspender, pero finalmente no fue así.
Ahora vivo en Gijón y me gustaría poder salir a la calle con la camiseta del Oviedo sin temor a que me partan la cara. Eso es lo que no me gusta del fútbol, la violencia y los insultos. Somos rivales, pero ante todo, somos personas o ¿en qué nos convertimos cuando vamos al fútbol? El fútbol es el psicólogo gratuito contra la ansiedad diaria, es el Coliseo de la actualidad donde las masas de divierten.
El fútbol es un negocio
Ahora también hay palcos VIP para dorar la píldora a los patrocinadores y que los empresarios sigan haciendo negocio en torno al fútbol, mientras los jugadores sudan la camiseta en el campo.
¿Qué decir sobre el partido de ayer? Pues que básicamente el Oviedo se centra en sacar en balón desde atrás a base de pases y no pueden. No son capaces porque no tienen la suficiente calidad como para hacerlo. No tienen el tiki taka que tenía el Barcelona de Guardiola. Al tercer pase les roban o pierden el balón y en campo propio, no se puede perder el balón.
Empezamos marcando y después, como siempre, la penitencia, el empate. Aunque me quedo con el momento celebración con mi hermano abrazados como si no hubiera un mañana. Porque para mí el fútbol es un sentimiento. Un sentimiento que pasaba desde mi abuelo, después mi padre, mi hermano y luego a mí. Solamente lo vives si te gusta, para otros son 22 hombres corriendo detrás de un balón en pantalón corto. Para mí es un sentimiento y para los jefes, un negocio.
Álex Cuesta, alquimista de la palabra.

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