Alma de escritor

Si algo me han enseñado los libros de crecimiento personal hasta ahora es que el trabajo empieza en el interior para después reflejarlo en el exterior. Y que por mucho psicólogo al que vayas, al final, tienes que ser tú quien tome las riendas de tu vida. Vida solo hay una, así que sigue lo que te diga tu alma. Mi alma me dice que tengo que escribir para sanar, ayudar a los demás, abrir las mentes y sanar el clan familiar.

Desde hace unos meses he leído los libros número dos y tres de Lain García. Se leen con facilidad y te enseñan muchas cosas. También estoy deseando que salga el nuevo libro de Curro Cañete. Leer sobre crecimiento personal me aporta mucho como persona. Pero como he dicho anteriormente, tienes que ser TÚ. Tú y solamente tú. El camino empieza en solitario.

Sé que no soy un escritor consagrado, pero también sé que hay que celebrar los pequeños logros y para mí haber publicado dos libros gracias a la editorial Círculo Rojo significa mucho. Dos libros en honor a Luanco que tanto quiero. «De Luanco al cielo» decía mi madre y así es.

Me encanta ayudar a los demás

Si hay algo que me llena tanto o más que escribir es ayudar a los demás. Ayudar en todos los sentidos. Desde ayudar a bajar un mueble por las escaleras de nuestra casa, a recomendar una psicóloga en Gijón. Todo ayuda. Todo es bien recibido. Cuando ayudo a los demás, mi alma brilla con luz propia.

Mi alma me dice que he de seguir escribiendo para llegar a los demás. Para hacer de este mundo un lugar mejor. Para abrir las mentes. Para vibrar más alto. El escritor, escribe y también lee. También es muy observador. Yo me fijo en las personas que me encuentro por la calle y solamente mirando su mirada, ya sabes cómo están porque la mirada es el espejo del alma.

Siento que mi madre me guía y que estoy donde tengo que estar. He conocido a una mujer maravillosa que me está ayudando a sanar tras el duelo por la muerte de mi madre el pasado 2 de abril de 2024. Gracias Iratxe Arias por llegar a mi vida. Gracias por curar mis heridas. Gracias por aguantarme. Gracias por quererme, pese a mis defectos. Eternamente agradecido. La pena que me queda, que mi madre no te haya conocido, pero sé que está conmigo de otra forma.

Seguiré escribiendo porque los SUEÑOS están para lograrlos.

Álex Cuesta, alquimista de la palabra.


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