Maestra de vida

Mamá, mi maestra de vida

La mayor bofetada de la vida es la muerte de una madre. Te arrancan el corazón a pedazos literalmente y empiezas a ver las orejas al lobo. Nadie te llama a los 20 minutos cuando llegaste a Oviedo a hacer un recado para saber si estás bien, nadie te aguantaba todas tus chorradas como hacía ella, nadie te cuidaba como ella. Ella era el ancla que unía todo. Mamá, estás en mí, pero me encantaría poder verte tan solo diez minutos para hablar contigo y decirte lo mucho que te quiero.

Mi madre era una mujer con carácter. Siempre luchó por lo que quería ser en la vida, maestra. Lo consiguió. Trabajó durante 41 años en el Colegio Internacional Meres en Educación Infantil. Dejó huella. Amaba su trabajo. Pero lo más importante, luchó por llegar ahí, pese a las críticas y comentarios. Ella sabía muy bien lo que quería.

Tuvo tres hijos: María, Miguel y Álex. Todos diferentes, como tres gotas de agua, pero si algo teníamos claro era que bajo sus alas había que ESTUDIAR. No quería hijos vagos. Para ella, la formación era muy importante. Ciertamente es lo más importante, aunque también veo la realidad de un redactor freelance que cobra entre 10 y 12 euros por texto que es una MIERDA, con perdón de la expresión, pero así es. La profesión de periodista es de alto riesgo. Pero, rendirme nunca ha sido una opción.

Mi madre me enseñó a luchar y a vivir mi vida

Cuando por fin le dije el gran secreto de mi vida que era sentirme un niño, después chico y ahora un hombre de 39 años al fin, descansé. Ella me dijo una frase muy valiosa: «cuando dejes de pensar en qué dirán los demás, serás feliz. Hasta entonces, seguirás sufriendo».

Mi mayor miedo era caminar por Pola de Siero cuando me empezara a salir la barba. ¿Vaya tontería pensaréis? Pues no. Porque La Pola es una villa donde nos conocemos todos. Y todos sabemos que el deporte nacional de este país es criticar.

En 2 de abril hará un año que nos dejaste

Parece mentira pero el próximo mes de abril va a hacer un año que dejaste este mundo. Pienso en ti cada día. Tengo tu voz insertada en mi cabeza. Me subo las mangas de las camisas, las sudaderas y los pijamas, igual que hacías tú. Cuando cocino pienso en ti sentada en la cocina dándome órdenes para hacer bien una tortilla. Mamá, eras tremenda, pero yo te quería así, tal como eres.

Te costaba mucho dar un simple beso. No eras lo que se dice cariñosa. Al final, ya dejabas que te diera un beso y me dabas las gracias. Ahí sabía que te estabas apagando poco a poco. Tu vela de vida se iba consumiendo.

Mamá, te quiero infinito. Nunca te voy a olvidar y mi sueño es crear una fundación contra el cáncer en tu nombre y no lo dudes, que lo voy a conseguir.

Mi maestra de vida eres tú.

Tu hijo, el escritor.

Álex Cuesta Rodríguez.

Foto: Benidorm. Ahí eras feliz. Tomando el sol, el vermú y yendo de tiendas a ver ropa. Siempre fuiste muy presumida. Eras preciosa. Una mujer empoderada y adelantada a su tiempo.


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