Ciudadanos de segunda

Cazadores energéticos y de multas

Hay ciudades denominadas como pet friendly como es el caso de Gijón. Es decir, amigable para los animales. Pero de amigable tiene poco al ser tratados como ciudadanos de segunda y con parques de perros urbanos construidos sin ningún tipo de cierre y al lado de la carretera.

Llevo diez meses viviendo en Gijón. Tenemos dos perrinas. La pequeña tiene seis meses y le hemos tenido que poner bozal porque salta encima de la gente y les marca. Marcar, no que les rompa un brazo en pedazos.

Estamos trabajando con un gran adiestrador de Yes We Can. Lo que observo en las calles es que somos ciudadanos de segunda. Entiendo que ante una persona o un perro, vaya primero la persona. También quiero dejar muy claro que a mí me encantan los niños, ya que tengo tres sobrinas y una tiene tres años.

Lo que no me gusta es la gente que va buscando la multa y así se lleva dinero rápido y fácil. Si yo digo que no toques a mi perra, no la toques. ¿Tan difícil es de entender? Si ves a un niño pequeño por la calle que no conoces, ¿te paras a saludarlo y lo tocas? No, pues esto es lo mismo, pero aplicado a un perro.

Infracciones de Gijón a diario

La Policía Local de Gijón con sus vehículos eléctricos tiene a diario un sinfín de sanciones pero que parecen no ver. ¿Cada ciudadano de Gijón cruza un semáforo en rojo? ¿Cada conductor que tira el coche en mitad de la calle? ¿Dónde aparcan los repartidores de Amazon? Cuandro trabajaba como repartidor no teníamos sitio para aparcar. En Gijón el coche se tira en cualquier lado como una alfombra. ¿Y los que van en patinete eléctrico campando a sus anchas? ¿Los que salen a correr por la carretera? Ahí hay tantas infracciones a sancionar que la plantilla de la Policía Local de Gijón se queda corta.

Fuerza y lucha

En democracia debemos convivir todos en paz y armonía. Pero ahora que se acaba el mes del Orgullo. Hay que seguir reivindicando los derechos del colectivo LGTBIQ+. También para la educación que empieza en casa con los padres, en los centros educativos, con sus amigos y por supuesto, los psicólogos. Debe de haber un trabajo diario en todos los estamentos.

Fuerza y lucha también para los adultos como trabajadores que viven bajo el «látigo» de sus jefes. Los que no tienen horarios y sus derechos como trabajadores sencillamente, no existen. 

El pez grande se come al pequeño. Lo de siempre, ¿verdad? ¿Por qué no dejamos de decir: es lo que hay? Tengo trabajo, estoy hasta los huevos, pero no lucho por mis derechos como trabajador.

Los lobos se comen a los corderos. Así seguimos. Si queréis, luchad, sino seguiréis diciendo: “es lo que hay”. De vosotros depende.

Álex Cuesta, escritor.


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