Después de 24 años de sangre, sudor y lágrimas el Real Oviedo ascendía a los cielos del fútbol en Primera División. Primera parada, estadio de La Cerámica.
Quiero dejar muy claro desde el principio que si estás pensando que lo que vas a leer es una crónica del partido, ya la tienes online desde ayer. No es una crónica periodística pura, sino un artículo escrito desde lo más profundo de mi alma.
El partido del otro día ante el Villarreal fue toda una alineación de los astros. Cazorla volvía a casa, al submarino amarillo y la afición a Primera División después de tanto sufrimiento. Flechas cayeron de nuestro cuerpo, las cicatrices al fin se curaron para llegar al Olimpo del fútbol.
No va a ser llegar y besar el Santo
En el partido del otro día no me preocupaba el resultado. Lo importante es volver. ¿Qué sentirá un futbolista al llegar a lo más alto? Pues una mezcla de nerviosismo y felicidad. Una especie de blanco y negro que se funde en una escala de grises. La diferencia es que los grises desaparecieron y volvimos a ver la luz.
Porque en esta vida el sufrimiento no es eterno. Si algo sabe el Oviedo es levantarse. Infinitas caídas, pero el Oviedo mantuvo la fe. Llegó el profeta de su tierra, Santi Cazorla y el universo azul volvió a girar.
El giro fue radical. De 180 grados para volver a Primera División. Ahora, mirada al frente, sangre fría y siempre adelante.
Abuelo, hemos vuelto.
Álex Cuesta, escritor y del Oviedo desde 1985 gracias a mi abuelo Manuel Cuesta. Este texto es para ti.
Fotografía: Villarreal C.F.

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