Perder a un ser querido es el dolor más grande que vas a vivir en tu vida. No es un dolor físico como tal, sino emocional.
Nace de lo más profundo de tu alma y brota hasta el corazón. Recuerdo como si fuera ayer el fallecimiento de mi abuela paterna. Estaba muy unido a ella.
Me enfadé mucho con Dios porque con ella iba a la iglesia. Estuve muchos años sin pisar una porque cada vez que iba, todo era ella. A día de hoy, 25 de octubre de 2025, sigue siendo así.
Los abuelos son mágicos. Nos cuidan de otra manera diferente a la que lo hacen los padres. Mis abuelos paternos eran humildes. Mi abuelo era albañil. Íbamos a Gijón en tren para ir a la playa. A la vuelta parábamos en Verdú a comer un helado. Yo no necesitaba más. Solamente disfrutaba con ellos.
Mi abuelo no paraba quieto. Estaba segando, arreglando algo en casa, subido al tejado y yo le seguía como una sombra. Más bien le incordiaba, pero era su nieto.
Hacía crucigramas más rápido que una liebre. Escuchaba Carrusel Deportivo las tardes de los domingos. Era un gran forofo del fútbol y más concretamente, del Real Oviedo.
Mi abuela materna tenía una mirada increíblemente bonita. Unos ojos de color verde claro que parece que te estaban mirando por dentro. Me contaba en su cama los domingos el cuento de los cabritinos y el lobo. Su cama era como un horno. Estaba muy calentita.
La misión de vida que tienen los abuelos es mimar como otros ojos a sus nietos. Con ojos de ternura. ¿Quién no recuerda a sus abuelos? Cuando yo llegaba de las fiestas de Argüelles con mi copa de la carrera ciclista del Cotorbán, la cara de mi abuela era de orgullo. Mi abuelo tiraba de mí los últimos metros en la bicicleta. Sí, era una carrera popular de la fiesta del pueblo de mis abuelos, pero para mí era mi universo.
Así que, en mi opinión, cada vez que hablamos de uno de nuestros seres queridos, mantenemos vivo su recuerdo. Todo lo que vivimos con ellos. Con mis abuelos, mis tíos y mi madre.
Güelita Neya, Güelito, Güelita Encarna, Tío Manolo, Nina, mamá, todos los días estáis muy presentes para mí.
Mi corazón os pertenece.
Vuestro nieto, sobrino e hijo, el escritor.
Álex Cuesta.

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