Las Navidades son momentos para estar en compañía de familiares y amigos. Cuando vamos cumpliendo años, estas fechas tienen sus matices. Los que hemos perdido a personas importantes, como es el caso de nuestra madre, las llevamos como podemos.
El tiempo pasa muy rápido. Vamos cumpliendo años. Nos hacemos mayores. Mis sobrinas crecen. Una de ellas ya es adulta. Nuestra mente nada entre los recuerdos de lo vivido y los que vamos coleccionando en el presente.
Nuestro álbum navideño tiene luces y sombras. Luces de los más pequeños de la casa que con sus sonrisas nos alegran el alma, como mis queridas Amalia, Alicia y Olivia. Las adolescentes, Nuria y Marta, nos enseñan nuevas aplicaciones, jerga juvenil o grupos de música de los que no había oído hablar en mi vida, entre muchas otras cosas. Los que son más mayores que yo son la voz de la experiencia. Ahora son nuestros guardianes. Y los que estamos entre ambos mundos, como yo, nadamos entre todos, siendo un ancla que conecta a través de un simple abrazo o un escrito.
Las tradiciones no hay que romperlas. Hay que conservarlas. La familia es el vínculo más sagrado. Disfrutemos con los nuestros. Respiremos aire navideño para empezar el 2026 con buen pie y cumplir todos nuestros sueños.
Mientras tanto, desde el cielo nos ven, cuidan y están a nuestro lado. Ellos permanecen con nosotros porque estamos en ellos. Hemos cogido su testigo. La vida sigue y debemos honrar su memoria.
Feliz Navidad al cielo. Feliz Navidad a mi madre, mis tíos y, por supuesto, a mis queridos abuelos.

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